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España renace en África. ¡FELICIDADES!

Si hay algo que escucharemos mucho durante las próximas semanas, es que los héroes de la ‘la Roja’ fueron niños sencillos que dejaron en la memoria de sus convecinos gratísimos recuerdos, que ahora compartirán con nosotros desde los escenarios de todas las televisiones, deseosas de rellenar sus parrillas con las anécdotas vinculadas a estos magníficos jugadores.

Habrá de todo, quiero imaginar. Hablarán sus profesores, que destacarán que eran unos magníficos estudiantes pero mejores futbolistas, que ya apuntaban maneras en el patio del colegio.
Hablarán sus amigos, que repetirán mil veces lo orgullosos que se sienten de tenerles en su círculo íntimo.
Los padres, abuelos, tíos y primos, nos contarán todas esas cosas que de otra forma no podríamos saber —atención a lo que cuenten, y sobre todo cómo lo cuenten, los abuelos— porque forman parte del lado invisible que todos tenemos y que de otra forma nunca conoceríamos.
Puede incluso que alguna novia, que ya no lo es, nos cuente alguna de sus miserias —de las de ellos, se entiende— porque todo vale para ganar dinero fácil en esta era del televisor y los chismes, porque así es más fácil conseguir después una buena oferta para posar desnuda en una revista o hacer de comentarista en la tele y porque es difícil imaginar que exista alguien, por muy héroe que sea, que no tenga algún pecadillo inconfesable, generalmente ligado a unas faldas. O unos pantalones, qué más da; en el amor nod eberían haber diferencias.

Todo eso es circunstancial, diría yo. Nadie puede librarse de las torpezas y equivocaciones que pudiera cometer en sus años de inexperiencia y locura, propias de las hormonas alborotadas y de la edad en que se suelen cometer y además, parece razonable que ese sea el mejor momento para equivocarse; después, ya adultos, todos ‘debemos’ ser conscientes y responsables de nuestros actos.

Pero lo que este grupo de hombres ha logrado hoy, es sin duda una gesta que entrará en los libros de historia de forma bien merecida.
Ha sido una victoria agónica, en el último minuto, pero el triunfo de España ante Holanda en la Final de la Copa del Mundo – Sudáfrica 2010, es una gesta que ha logrado la unidad entre hombres y mujeres de diferentes regiones y países deseosos de su victoria. Aunque solo fuera por el número de almas en todo el mundo ansiosas de que ganara nuestro Selección, ya merecía ganar. Y además, ganó. Sin ningún género de dudas, ‘la Roja’ despierta más simpatías que la ‘Naranja Mecánica’, que hoy nos hizo condenar el mal juego. Pero también por eso, el triunfo se lo han obtenido a golpe de balón, porque esta es con diferencia, la mejor Selección que hemos tenido nunca. Hasta Larissa Riquelme, ‘la Novia del Mundial’, se ha declarado fan de ‘la Roja’. Ya conocemos la historia: siempre nos tumbamos al sol que más calienta. Pero que Irán haya suspendido hoy definitivamente la lapidación de la mujer condenada por adulterio, hace más grande esta victoria. Permítame que intercale esta noticia, porque sin duda, es una gran noticia para todas las mujeres, en el día de una gran gesta realizada por hombres.

Hemos visto la gran unidad en torno a nuestra selección… ¡Ojalá fuéramos capaces de unirnos con la misma fuerza, en otras cosas que también merecen nuestro apoyo!

No sé por qué, la contienda hoy terminada y que no tendrá nueva réplica hasta dentro de cuatro años, —quién sabe si con un nuevo triunfo español— me ha recordado el enfrentamiento entre España y los imperios más poderosos de la época, en la que se conoce como Guerra de Flandes.
Pero en esta ocasión, la batalla no se libraba a cañonazos o con arcabuces, lanzas, espadas y picas, sino con un balón. Nuevamente, los contendientes fueron muchas de las naciones que intervinieron en aquella colosal batalla…
Y nuevamente, cuatro siglos después, España ha puesto otra vez una pica en Flandes.

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